Por Antonio Marcos Vilacides

Artículo publicado en BUCEO XXI

Si cualquier experiencia de buceo es atrayente hasta ahora ninguna de había realizado, con el equipo completo (pesado y ligero), en un centro penitenciario de máxima seguridad del estado. De la forma más casual y sencilla surgió la idea de “bautizar” a un grupo de personas en el cárcel. El centro penitenciario Madrid VI de Aranjuez estaba impartiendo un curso de salvamento y socorrismo. Charlando con el monitor de dicho curso un amigo común puso en contacto al Club de Escuela Narval para participar en una experiencia pionera en la que se impartiera un curso de buceo aprovechando las instalaciones de la propia penitenciaría. Los requisitos de acceso al interior del centro quedaron resueltos en una semana en la que se tuvo que enviar la documentación de todos los que iban a realizar la experiencia, pero conseguir los permisos correspondientes.

El día 7 de agosto a las 9:00 horas de la mañana, estaba esperando en la puerta Víctor, que era el instructor, y un funcionario responsable que estaba preocupado por la cantidad de material que tenía que controlar. Más tarde entendieron su preocupación cuando para recorrer aproximadamente 50 metros dentro de la penitenciaría tardaron más de una hora. Al final accedieron al recinto de la piscina. Hubo infinidad de identificaciones, y ya en el primer control el detector sonó varias veces y tardaron en descubrir que se trataba de unos billetes que llevaban en el bolsillo. Esto es porque en la penitenciaría está prohibido introducir dinero.

Al final se presentaron los 20 futuros buceadores uno a uno y posteriormente se ofreció la sala de actor para iniciar la charla teórica. Sin embargo pareció más oportuno y rápido impartir la clase teórica en el mismo recinto de la piscina dado que sólo disponían de tres horas para dar el cursillo.

A pesar de que los cursillistas esta vez tardarían tiempo en ver el mar no perdieron detalle de la descripción que se les hizo sobre el ambiente marino, los aspectos de su flora y su fauna y los orígenes del buceo. Se interesaron mucho por los riesgos que podría tener el buceo. A tal respecto se les puso al corriente de que el submarinismo es un deporte de riesgo, y que, por lo tanto, la primera regla que tenían que aprender es que el buceo es cosa de dos. La compenetración con el compañero puede resultar vital, por lo que el buceo es una actividad solidaria. En todo momento los ojos de estos hombres privados de libertad, transmitían emoción y cariño por todo lo que percibían. El curso continuó con la explicación de las variación que se experimentan al pasar de un medio aéreo a un medio acuático: luz, color, visión, sonido, flotabilidad, presión, etc. Y algunas leyes físicas, aunque de forma somera.

Sin embargo a ellos lo que más les importaba era el momento de probar el aire de las botellas, y sentir la ingravidez, y estar más tiempo que el de una apnea normal sumergidos bajo el agua. Uno de los requisitos era que los participantes pasaran un examen médico, aunque la edad media de todos rondaba los 30 años. Una vez dentro del agua se comportaron como si hubieran practicado el buceo toda su vida. Los comentarios que hicieron sobre la experiencia son más elocuentes que cualquier otro relato.

“Tíos que pasada sois cojonudos, gracias, seguro que esta experiencia no se ha hecho nunca.” “Nos habéis hecho pasar las 4 horas más interesante de mi puta vida”. “He olvidado donde estaba, a las 13 horas vuelvo a mi triste realidad”. “Mañana tengo bis a bis con mi chica cuando se lo cuente me va a faltar tiempo para amarla”. “Flipao, flipao, que flipe, alucinante.” “Quiero ser buceador con vosotros, lo necesito para mi trabajo, espero que contéis con Portugal, para convertir en realidad mi sueño”. “El buceo nos evadió”. “Estas Navidades estoy con mi familia os llamaré y veremos el mar juntos”. “Os ayudamos a llegar las botellas a vuestro club, JA, JA, JA…”

Al final obsequiaron a los monitores con un cuadro de agradecimiento firmado por todos los que ocupará un lugar importante en la sede del Club Narval, y por parte de los monitores recibieron camisetas, pins, pegatinas, y periódicos, manuales de buceo y un título de su primer bautismo acuático, todo ello facilitado por Casco Antiguo, FMDAS, ACUC, BUCEO XXI y el propio Club Narval.

 

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