Por Toni Ferrer

Irian Jaya. Indonesia.

Llegamos al estrecho que formaban dos islas vírgenes del Archipiélago de los 4 reyes.

El barco fondeó y en el “briefing” nos dijeron que la particularidad de la inmersión era poder observar al pez arquero. Podríamos localizarlo entre los manglares de la orilla del “río” que forman las dos islas. ¿Qué es lo curioso de este pez? Pues que escupe fuera del agua para atrapar a sus presas, los insectos, y que su lomo es completamente recto, formando una linea paralela a la superficie. Pues allá que zarpamos en las neumáticas hasta el final del río, ya que la corriente a esa hora era en sentido contrario, y había que volver con ella, claro.

Nada mas lanzarnos al agua comprobamos que la profundidad era escasa, de unos 7 a 9 metros. La visibilidad sería de unos 10 metros y la fuerza de la corriente en el canal era bastante fuerte, pero en los salientes del mismo era brutal.

Tuvimos que darle a los remos de lo lindo para que no nos lanzara en medio del canal.

Ibamos derrapando para conseguir llegar a los recodos. Tras unos pocos minutos, quedamos mi compañero Vicente y yo separados del grupo de 6 que habíamos comenzado juntos la inmersión. Aprovechamos para localizar un grupito de arqueros y observar como se colocaban al filo de la superficie intentando avistar algún bichejo. Tras unos minutos y sin poder verlos capturar alguna presa decidimos soltarnos en el canal.

Nos lanzamos y enseguida comprobamos lo que es el “buceo a motor”… increible. El inconveniente era que empezamos a tener que esquivar islitas que iban apareciendo y que había que sortear cual slalom. Vicente no pudo esquivar una de ellas y tuvo que llamar al patrón y desistir, pues las “caricias” fueron guapas, acabando con cortes en las manos y en las piernas.

En esto que veo a Gabi, el Dive Master, que estaba intentando localizar algún arquero en superficie y tras despedirme de Vicente me uní a él para continuar la aventurilla. Nos soltamos y al poco tiempo le miré y me quedé atónito, pues se colocó en posición inversa, vertical con la cabeza abajo y los pies hacia arriba. Le imité y os aseguro que con la velocidad que llevábamos me sentía como un astronauta en el espacio.

Decenas de gorgonias y alcionarios desfilaban a nuestro pasar. Así navegamos unos 10 minutos hasta que la fuerza fue decreciendo al salir del canal y nos dejó a unos 300 metros de allí, donde la neumática nos esperaba para recogernos. Una inmersión tan diferente que será difícil de olvidar.

 

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