Crónica de las Zetas (20 de mayo del 2018)

Dieciséis kilómetros en bicicleta es una distancia engañosa. Bajando o en llano es llevadero pero cuando el trazado

Dieciséis kilómetros en bicicleta es una distancia engañosa. Bajando o en llano es llevadero pero cuando el trazado se va empinando el asunto va cambiando. No sería raro tener que emplear un par de horas para alcanzar la cima.

Dieciséis personas juntas es un número engañoso. En un vagón de metro o de autobús es llevadero pero cuando el calor aprieta o el espacio se reduce el guion es diferente. Alguno se baja en la primera estación que puede para tomar aliento.

Dieciséis buzikleteros subiendo dieciséis kilómetros no es engañoso y es muy llevadero. No hay excusas aunque las haya, “he dormido mal”, “hace mucho que no monto”, “no he traído culotte”, “me han dejado la bici”, “hoy estreno cubiertas”. Ayer hasta a alguien le dejaron las zapatillas, ver para creer.

Dieciséis ciclistas, casi todos buzis: Poderoso, Pedrolas, Marion, Javito, Dani, Silvia, Mery J, Tamara, Julio, Chema, Raquel, Raul, Tito, Jesús, Oscar y Miguelón. Cada uno a su estilo pero todos aportando mucho.

Algunos se estrenaban en la ruta y tenían sus dudas pero, igual que las nubes que nos rondaron toda la mañana, se fueron despejando. Ya no hay vuelta atrás, ya han sido abducidos para la causa, es lo que tiene Narval.

Durante la subida se sufre un poquejo, bueno cada uno lo que quiere, los hay muy máquinas pero no hay prisa. Poco a poco se van sorteando las piedras y los desniveles y cuando te quieres dar cuenta estás en el collado de los pastores contemplando las vistas y reponiendo fuerzas. Después de las pertinentes fotos que hay que hacerse para que el señor Markos no se queje empezamos a bajar. Ayer no vino a la bici (si a la comida con querida Pitu) y se le echo de menos, a él y a su bocina.

Hay dos maneras de descender un puerto, agarrando el manillar y apretando el culete y lo contrario. Cada uno elige el método, no hay presiones para ello. Algunos disfrutan mucho, pero mucho, mucho. Otros prefieren subir a bajar. Curioso.

Siempre que hago un descenso largo me acuerdo de Vidal, tiene una bici muy robusta, casi tanto como él y sus muñecas se quejan de ello. Ayer te echemos de menos, compay.

Previo por paso por los coches para adecentarnos nos dirigimos al chiringuito de cantocochino a reponer fuerzas. Primero cerveza fresquita con cacahuetes luego ya al tema, pollo para aburrir, patatas, pimientos, heladitos. Rico, rico. Solo nos faltó la siesta, bueno, alguno se durmió en la silla pero en esos casos se le suele dejar tranquilo.

Después de los correspondientes besos y abrazos y con un montón de pilas recargadas nos vamos para los madriles con los deberes hechos. Un día perfecto.

Epílogo: Paz, Vane, Mon, María (mi querida Awake), Juanmi, Loren y el increíble Lerma también hicieron dieciséis kilómetros pero con más mérito, ellos fueron andando y alguno con las botas pequeñas, ya les vale. Compartimos comida, risas, besos y anécdotas pero no sé lo que hicieron durante el camino. A lo mejor el año que viene me voy con los montañeros. Quien sabe.

Zetas Narval 2018.

Miguel Martínez

Pin It