Por Antonio Marcos Vilacides

Fue una odisea que al final se quedo en una simpática aventura contada en mil y una ocasión, con gran éxito de crítica y público. Siempre tuve interés en plasmarla sobre un papel. La ocasión me la brindaron con motivo del 25 aniversario del Club Narval. Me pidieron que escribiera la primera editorial del boletín del 2004, y ya puestos a escribir, por qué no contaros cómo había acontecido esta historia, siempre, claro está, según mi personal visión.

Amaneció un día gris, nubes negras, con un viento de lebeche del carajo, ( no aconsejable bucear), ¿y una travesía en NARVAL porque no?, ¿y si mejora? de todas maneras, porque no echamos las botellas y los equipos por si acaso, dicho y hecho.

Éramos cinco amigos con veinte y pocos años, con un barco nuestro, El NARVAL (hoy sus restos en el fondo del Mar, al sur de la isla Mediana, donde tiene que estar cualquier barco importante y con historia, ya os contare), con un punto de amarre en propiedad, en el puerto de Cabo de Palos y unas ganas de bucear, que si os podéis imaginar.

Como a las 9.00 horas, arrancamos el motor, fuera amarres, rumbo a la bocana y al atravesarla nos encontramos con una Mar arbolada, nos miramos, ¿que hacemos? avanti a toda maquina rumbo a las islas Hormigas, el NARVAL navegaba de lujo (era un barco muy marinero), la travesía fue aceptable, llegamos al Hormigón anclamos al norte al resguardo de un poniente serio y tres de nosotros decidimos bucear, (no aconsejable bucear) y los otros dos se quedaron en el NARVAL, una inmersión inolvidable. Descubrimos a Belfegor, ¿quien es? ya os contare… en un fondo precioso a – 41 metros, no entramos en descompresión y el tiempo total de la inmersión fue de unos 50 minutos, ya en al cabo del ancla haciendo nuestra parada de seguridad, observamos un hervor en superficie excesivo, cuando nuestras cabezas rompieron la superficie, el Mar había cambiado por completo, Eolo se había enfurecido, vientos de todo tipo, un autentico temporal, los que se habían quedado en el NARVAL gritaban sin cesar que subiéramos a bordo y nos marcháramos, porque el día se había convertido en noche los rayos de luz no podían atravesar las espesas nubes negras, rayos, truenos, lluvia sin cesar, de verdad daba miedo.

Subir al NARVAL era muy difícil (en esas épocas no existían los jacket), lo conseguimos, fruto de nuestra juventud, arrancamos el motor, atamos todos los equipos, levamos el ancla, lo guardamos en el tambucho de proa y pusimos rumbo al puerto, el miedo se reflejaba en nuestros rostros, era tan latente que el silencio fue total y solo se oía la voz enérgica de nuestro patrón dándonos ordenes y acatándolas sin rechistar, cuando de repente el motor empezó a cabitar, ¿que pasa patrón? yo que se, coño, el motor se para, intentamos arrancarlo una y otra vez y el resultado negativo, el oleaje era infernal, imaginaros un barco a la deriva, cada segundo que pasaba se alejaba mas del Hormigón (la isla mayor de Hormigas donde esta el faro) en ese momento el patrón grita no perdamos mas tiempo y abandonemos el barco nuestro NARVAL, ¿como vamos a dejarlo a la deriva?, los llantos y los gritos de terror afloraron en todos nosotros, pero confiábamos en el patrón y seguimos sus ordenes: coger los equipos ligeros todos, los tres que habíamos buceado teníamos nuestros trajes puestos y los equipos ligeros en la mano, recoger la lona, (que teníamos para cubrir la cubierta) y lanzaros al agua para llegar nadando a la isla, no sin antes el patrón se fue al tambucho de proa saco todo el cabo de que disponía el ancla y lo lanzo al Mar con la esperanza de que en alguno de los bajos que tiene toda la cordillera submarina de las Isla Hormigas el ancla agarrara.

Nos lanzamos al agua con unas olas de cinco metros y la isla se acercaba, mirábamos al NARVAL y se alejaba cada vez mas, la subida a la isla fue apoteósica uno a uno contando las olas para evitar las rompientes que nos podían destrozar contra las paredes del acantilado, que rodean todo el Hormigón, ya todos en tierra firme, mirando nuestro NARVAL, de repente, gritamos, mirar, mirar, no se mueve, que si, que se ha anclado solo y así fue, la suerte nos sonrío, ciertamente no se movía, estaba anclado, los gritos de alegría eran manifiestos, nuestro NARVAL solo en medio del Mar imposible acceder a el y nosotros cinco náufragos en el Hormigón con un faro gigante y poco mas… Frío y lluvias torrenciales, la radio del se estropeo en la travesía y los móviles no existían por aquel entonces con lo que la comunicación con el puerto era imposible. El Hormigón es un islote con un faro enorme, referencia marítima importante en todas las cartas náuticas. De momento nos cobijamos todos con la lona y pensando en el futuro que nos deparaba, los que teníamos el traje puesto intentamos poder acceder al interior del faro por los respiraderos del mismo pero todos estaban enrejados y era imposible, ¿que hacemos? a la intemperie no podíamos estar mucho tiempo, barcos cerca a los que pedir ayuda no se avistaba ninguno. Con los cuchillos de buceo intentamos abrir el gran portón de madera, ( hoy ya es de hierro) del faro, después de mucho apalancar la cerradura, conseguimos abrirla, que alegría, ya en el interior pudimos secarnos con los utensilios que había dentro y unas garrafas de agua que encontramos, de momento estábamos a salvo y refugiados del temporal que no cesaba.

Como os decía el faro era muy grande y desde su interior mucho mas, lo exploramos todo, subimos a la torre donde se encuentra una bombilla gigante y fija con una serie de espejos que giran alrededor de la bombilla en un tiempo fijado que ese faro tiene establecido y que es misión del señor farero su mantenimiento, el encendido del mismo es automático en función de una cédula fotoeléctrica. Todo esto lo sabíamos y nos preguntamos si seriamos capaces de encenderlo y cambiar el sentido del movimiento del faro para poder comunicarnos con el puerto, manos a la obra, el día estaba negro pero no lo suficiente para que el faro se encendiera, buscamos la cédula fotoeléctrica y la encontramos la tapamos y el faro se encendió. El patrón que sabia el sistema de comunicación por luces, consiguió con la variación de los espejos hacer señales de SOS, con la esperanza que alguien pudiera advertirlo y se acercaran a ver que sucedía, el tiempo pasaba y pasaba y ni pasaban barcos ni nadie parecía se hiciera eco de nuestras señales de emergencia, de vez en cuando íbamos a ver si nuestro NARVAL seguía impertérrito ante el temporal que estaba soportando y allí estaba. A eso de las 20,00 horas, ya anocheciendo y con los ánimos por el suelo pensando que la noche la pasaríamos en el faro, en la lejanía avistamos entre las grandes olas las luces de un barco que se aproximaba rumbo a la isla, recuerdo, como en las películas de náufragos; gritos de auxilio, brazos en alto, las chaquetas al viento, estamos aquí, socorro, socorro, no nos ven , que si , que si, que vienen a salvarnos, aleluya… continuará…